Desmitologización de la cultura escrita, Olson (1998)
Por Paula González Álvarez
Entrada
bibliográfica
§ Olson. D. (1998).
Desmitologización de la cultura escrita. En El mundo sobre el papel (pp.
21-39). Barcelona: Gedisa.
Foco de lectura
¿Cómo se ha entendido tradicionalmente el papel de
la escritura en nuestra sociedad? Este texto introductorio realiza un
recorrido a través de las diferentes ideas preconcebidas acerca de la
escritura, de modo de establecer algunas ideas básicas para iniciar el estudio acerca
del vínculo entre cultura escrita y desarrollo del pensamiento.
Revisión
La necesidad de la escritura en la sociedad actual es tal que, al
parecer, se tiene la noción de que solamente mediante esta herramienta es
posible comunicar (trabajar, percibir, formar) un conocimiento complejo. De
este modo, persiste la idea de que solamente una cultura letrada, que orbita en
torno a su sistema alfabético de escritura —es decir, la nuestra—, puede
considerarse avanzada y superior. Olson (1998) denomina esta idea como una
mitología, es decir, “un modo selectivo de ver los acontecimientos que no sólo
justifica las ventajas de los letrados, sino que además atribuye los defectos
de la sociedad –y del mundo— a los iletrados” (p. 22). Sobre esta base se
enumeran y discuten las creencias que componen la mitología de la cultura
escrita, resumidas como sigue:
a) La escritura es una transcripción del habla (p. 23). Si bien la
escritura capta algunos aspectos de la expresión oral, muchos otros —como la
entonación, el énfasis y otras pistas que permiten interpretar lo dicho— se
dejan fuera del sistema de notación. Por tanto, escribir no es solamente anotar
el habla, sino aprender a “reflexionar sobre ella de un modo nuevo” (p. 28)
b) La escritura es superior al habla, pues esta última es imprecisa y
desordenada; solamente la escritura permite expresar correctamente un
significado (pp.23-24). A pesar de esta creencia, es la lengua en sí la que
posee la riqueza expresiva, y “el discurso oral precede y rodea la preparación,
interpretación y análisis del discurso escrito” (p.28); la escritura es, por
tanto, secundaria a la lengua.
c) El sistema alfabético de escritura, con su base fonética, es
tecnológicamente superior (p.24). Esta idea supone que las culturas con
escritura no alfabética no poseen un sistema “verdadero”; sin embargo, el
alfabeto está muy lejos de funcionar como representación perfecta de un sistema
fonético —lo que se puede apreciar en los errores ortográficos y la existencia
de más de un signo para representar un mismo sonido— y no es adecuado para
lenguas como el chino, que posee muchos homófonos. Por tanto, su superioridad o
utilidad depende del sistema de lengua al que se intente aplicar.
d) La escritura es un órgano de progreso social (p. 25): las democracias
occidentales tienen altos niveles de alfabetización; en ellas se ha asegurado
el progreso, la liberación humana, el desarrollo industrial y el crecimiento
económico y social. La disminución en los niveles de alfabetización es, por
tanto, una amenaza. En primer lugar, de la correlación no se infiere que la
escritura causa civilización o desarrollo; en segundo lugar, la escritura
muchas veces no se utiliza como herramienta de progreso o liberación, sino que
sirve como instrumento para el orden social, por ejemplo. Además, puede existir
progreso económico, social o industrial sin un correlato en la alfabetización
(o viceversa).
e) La cultura escrita es un instrumento de desarrollo cultural y
científico; gracias a ella se han desarrollado modos de pensamiento modernos,
como la filosofía o la justicia (p. 26). Se cita a los griegos, cuya
superioridad y logros culturales se atribuyen a su alfabetización. Esta
creencia, sin embargo desconoce el hecho de que los grandes logros
intelectuales de muchas civilizaciones importantes, como la griega, tienen una
base oral, en que lo escrito sirvió fundamentalmente para preservar la
información, más que para crearla. Así, no puede establecerse un vínculo directo
entre cultura escrita y desarrollo cultural (p. 32).
f) La cultura escrita es un instrumento de desarrollo cognitivo (p. 27):
la lectoescritura no solo permite codificar y descodificar, sino que también
“imparte un grado de abstracción al pensamiento que está ausente en el discurso
oral y en las culturas orales” (íbid.). No obstante, el conocimiento puede
comunicarse por medio de vías no escritas; además, debe entenderse el
alfabetismo como una habilidad no universal, en el sentido de que la lectoescritura
debe tener un sentido y una aplicación en la vida de cada persona, es decir,
debe constituirse como alfabetismo funcional.
La discusión acerca de estos mitos, sin embargo, no excluye la
posibilidad de que la escritura tenga alguna relación con el desarrollo del
pensamiento, aunque Olson señala que “ningún argumento lógico ni empírico ha
establecido vínculos causales directos entre escritura y pensamiento, en parte
debido a la ausencia de una clara noción de lo que son la escritura o el
pensamiento” (pp. 36-37). No obstante lo anterior, es innegable que la
invención de la escritura proporcionó un instrumento para desarrollar modos
distintivos de pensamiento, aunque la enunciación de una teoría general
necesita considerar diversos factores hasta ahora simplificados, como la
importancia del contexto, las formas del discurso involucradas o las
habilidades interpretativas necesarias para participar de la cultura escrita
(p. 37). El autor propone comprender la cultura escrita no como habilidad de
descodificación, sino como “la habilidad para comprender y utilizar los
recursos intelectuales provistos por los tres mil años de diversas culturas
letradas” (p. 38), es decir, más como una habilidad de lectura que de simple
notación.
Valoración
Este texto proporciona una base introductoria a la discusión acerca de
los vínculos entre la escritura y el desarrollo de la cognición y la sociedad.
Ante todo, permite establecer un punto inicial de discusión que rechace
concepciones previas y prejuicios acerca de la utilidad y alcances de una
cultura alfabética en comparación con otras sociedades. Además, el texto
permite entender la conexión entre cultura escrita y pensamiento como una
variable compleja, para la que deben considerarse y relacionarse diversos
factores, siempre sobre la noción básica de que la cultura escrita debe
entenderse como realidad intertextual, como desarrollo del pensamiento crítico
acerca de los discursos que rodean al individuo.
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